juandon,
27 de abril de 2010
Trascendental? Si las observaciones sociales y los experimentos
neurocientíficos confirmasen este fenómeno, las relaciones humanas, la
educación, la organización política y económica, las comunicaciones, el
concepto mismo de ser humano, etc., darían un vuelco, porque la
inteligencia es la auténtica medida del ser humano. Es en la noomorfosis
digital donde se oculta la real y enorme dimensión de la brecha
digital, ese concepto que manejamos hasta ahora con notoria
superficialidad, si valoramos en sus justos términos su íntima conexión
con una nueva ecología social, mental y ética.
Recientemente, un artículo en el Sunday Times nos hablaba de un nuevo paso en
la evolución del cerebro (brain
evolution) y citaba a varios observadores del impacto de los
videojuegos, que resaltaban la mejora de algunos factores cognitivos.
Este artículo, junto con el lanzamiento este verano del software Brain Training para ejercitar el
cerebro con una consola de Nintendo, ha despertado en mí el deseo de
reanudar el estudio de esta cuestión, y tal vez el de escribir
posteriormente algo más elaborado. Revolviendo en mi propia hemeroteca
de autor, observo que en 1992, cuando llamaba compujuegos a
los computer games, mi opinión
era la siguiente: una relación sostenida y no enfermiza con los
compujuegos produce dos tipos de beneficios: a) divertirse, y b)
entrenarse intelectualmente, con el objetivo de aumentar varias de las
capacidades que nuestra inteligencia poliédrica necesita desplegar para
vivir en un mundo cambiante.
Lógicamente, los nativos digitales, habitantes de la infociudad,
ganarán en todas las capacidades relativas a los procesos inmateriales
típicos de ésta, así definida por el autor en 2004: "Espacio
informacional donde los humanos de sociedades desarrolladas, mediante
terminales con botones, teclas, pantallas, contraseñas e identificadores
varios, se comunican y realizan una parte creciente de sus actividades
habituales y otras muchas nuevas, convertidas en señales, símbolos,
lenguajes y procesos inmateriales, soportados por una potente
infraestructura tecnológica de arquitectura reticular". Pero es evidente
que, a medida que la vida va
siendo sustituida por la información, ya están perdiendo y perderán
más en otras capacidades y habilidades que se han considerado valiosas
hasta ahora.
No se trata de que el uso intensivo de la tecnología de la R.U.D.
contribuya a moldear una inteligencia mayor o menor -por ejemplo a que los niños sean más
listos, como algunos dicen-, sino una inteligencia funcionalmente
distinta, es decir, armada con ciertas capacidades necesarias
especialmente desarrolladas para vivir y operar en el Nuevo Entorno
Tecnosocial (N.E.T.) generado por esa tecnología. Por lo que se sabe
hoy de la inteligencia, el habitual discurso del CI (Cociente
Intelectual) para cuantificarla no es operativo en las situaciones
emergentes. Por lo que ya sabemos, a no tardar mucho, el CI será
prácticamente una reliquia, igual que
tantas otras formas sociales declinantes, entre ellas, los sistemas
educativos.
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