Infoimplementos

eWEEK nº 492, 19 octubre 2000

Leemos noticias como éstas: “ IBM ha desarrollado un ratón informático capaz de detectar las emociones humanas”; “El perro robot Aibo, de Sony, ladra, juega con la pelota, camina e incluso es capaz de mostrar felicidad, enfado y necesidad de compañía”; “Electrolux lanza el frigorífico inteligente ScreenFridger, conectable a Internet, que actúa como agenda, televisor, radio, cámara, perro guardián, etc.”; “Philips ha diseñado un prototipo de microasistente personal, acoplable a la patilla de las gafas”.

A lo mejor nos parecen curiosidades, gadgets tipo James Bond o Nikita, pero detrás hay un plan y una filosofía. El plan lo pone la industria. En Las Vegas, en otoño de 1999, la feria Comdex estaba llena de chismes parecidos. La filosofía la ponen Donald Norman y otros gurús, aunque podría firmarla el mismo Ortega y Gasset.

El plan consiste en meter microprocesadores por todas partes, en zapatos, ropa, gafas, frenos del coche, lámparas, fármacos, libros,  papel, espejos, picaportes, integrados, siempre que se pueda, con microcámara, microemisor de radio y antena o cualquier dispositivo para red inalámbrica. Este es el modelo informático de los infoimplementos, cada uno especializado en una tarea relativamente simple. Y, tirando del ovillo, es también el modelo de la informática ubicua (e invisible), de la informática indumentaria, de los entornos inteligentes y sensibles. La informática, vista como infraestructura.

Ortega, en su “Meditación de la técnica” (1939), dijo que el hombre, por medio de la técnica, crea una sobrenaturaleza adaptando la naturaleza –el entorno- a sus necesidades (especialmente las superfluas).