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Abstract: La World Wide Web es hoy en día
una compleja maraña que sobrepasa ampliamente los límites
de la técnica y de la compartición de información
científica para la que fue creada, constituyendo una red de roles
sociales, toda una versión virtual del mundo real. Y en ese reflejo
cibernético de la sociedad humana, en esa World Wide Mess (Maraña
de Ámbito Mundial), no podían faltar la educación
y la formación. De hecho, la parcela de la maraña ocupada
por ambas es una zona especialmente compleja y problemática.
¿Merece la pena el esfuerzo de gestionar toda esa complejidad? ¿Desearemos
recibir alguna vez lecciones impartidas por los maestros tibetanos a
través de multimediáticas páginas web? Son preguntas
que debemos plantear y tratar de responder, si es que queremos que los
futuros aprendientes tengan a su disposición toda una red multimedia
para colorear.
1.-La telaraña
enredada. Su
propio nombre ya pretende ser significativo: "World Wide Web", o Telaraña
de Ámbito Mundial. De esta forma se trata de representar plásticamente
esa creciente red de ordenadores que llamamos Internet. Sin embargo,
comparar la WWW con una telaraña parece un exceso de optimismo:
al fin y al cabo, una telaraña tiene un orden, un patrón
que la hace crecer de una forma más o menos organizada. Una telaraña
es el producto del trabajo de un ser que persigue un objetivo. Hay un
orden tras el aparente enredo de una telaraña. O, en otras palabras,
la complejidad estructural de una red de araña no es tan elevada
como puede parecer a primera vista.
Es por ello que la
telaraña no parece el símbolo más adecuado para
representar un ente, la WWW (o si se prefiere Internet, que "tanto monta,
monta tanto"), que tiende a ser más bien una maraña con
complejidad tendiendo a infinito. El número de componentes de
la Red es tan extremadamente enorme (se estima en varios millones el
número de servidores conectados a Internet, y estos son tan sólo
un elemento de todos los que forman la Red) que sólo él
ya bastaría para hacernos pensar en un entorno hipercomplejo.
Pero además es bien conocido que lo que realmente hace aumentar
la complejidad de un sistema son las relaciones entre sus componentes.
Y es aquí donde la complejidad explota: en la Web todo está
interconectado con todo, todo el mundo puede acceder a todas partes.
Sin llegar a hablar de anarquía, sí que al menos se tendrá
que hacer referencia a una "democracia desordenada": cada ciberusuario
es libre de hacer casi lo que quiera en la red. Pero si se habla de
los usuarios, entonces se habrá de comenzar a desenredar hilos
más etéreos en la maraña que aquellos que se refieren
meramente a los aspectos tecnológicos (hardware, software y principios
"técnico-filosóficos").
Porque la Web no
es solamente una red de ordenadores, diseñada bajo estrictos
principios técnicos, fría y calculada. La Web es principalmente
una maraña de individuos y grupos, seres vivos de sangre caliente
y mentes conscientes: el número de usuarios alcanzará
los 130,6 millones a finales de año, según un estudio
de Global Report realizado por la estadounidense eMarketer (el número
de internautas llegará a los 350 millones en el 2003. Hoy en
día, el 2,2% de la población mundial navega por Internet,
y en algunos países como Finlandia, Noruega y Suiza, más
del 30% de la población está conectada). Toda la red,
en su esencia más pura, no es más que un medio de comunicación
altamente sofisticado que permite la interconexión fuerte y compleja
de millones de cerebros impredecibles. Por lo tanto, esta particular
maraña asume plenamente toda la complejidad propia de los sistemas
sociales. Es más, es posible hablar no ya de una red de individuos
y grupos sino de una red de roles, pues cada usuario ("físico"
o "jurídico") puede acceder a ella como receptor, como proveedor,
como profesional, como estudiante, como profesor, como administrador,...
Todos los roles de la vida real tienen su reflejo en la red, sumándose
a los roles propios de ésta.
Junto con los roles,
aparecen en la red las relaciones entre ellos. En muchas ocasiones,
se está haciendo un esfuerzo por trasladar al nuevo medio las
relaciones que encontramos en el mundo "real" (piénsese en el
caso de la banca electrónica o la bolsa: según un informe
presentado por la Securities Industry Association (SIA), un 18% de los
inversores estadounidenses utiliza Internet para realizar transacciones,
casi el doble que en 1998), lo cual ya garantiza la complejidad. Pero
es que además la red potencia algunas de estas relaciones (añadiéndoles
dimensiones adicionales), y hace aparecer otras nuevas. Por poner un
ejemplo, pueril pero "revolucionario", las relaciones del cajero del
banco con el cliente se terminaban a las dos de la tarde; ahora las
oficinas bancarias que ofrecen sus servicios a través de Internet
están abiertas las veinticuatro horas... en la Red.
Lo que hasta ahora
se consideraba como el "mundo real" se traslada al ciberespacio, al
mundo virtual, que de esta forma cada vez cobra más realidad.
Casi todas las instituciones y compañías tienen un sitio
web (por ejemplo, Antena 3 invertirá este año 2500 millones
de pesetas en la creación de su portal web). Incluso en el cine,
los avances de las películas suelen presentar la URL del sitio
web de la película en cuestión, dándole en ocasiones
más importancia (en términos de lo llamativo del rótulo)
que a alguno de los actores [Lee 99]. Es como si la "infosfera" (esa
capa de informaciones en tránsito y tecnologías de la
información que rodea la vida humana sobre la Tierra) se hubiese
encarnado en la Web, adoptando una realidad casi corpórea. La
infosfera ya no es únicamente un ente abstracto que nos rodea
invisible e intangible; ahora tiene una interfaz ante el mundo, un medio
que aspira a absorber en sí mismo toda la complejidad de la infosfera,
integrando sus diversos aspectos en un único aparato multiforme.
Un medio de tal densidad que sea capaz de alojar en su seno de forma
casi total la complejidad del "mundo humano real", pasando entonces
a ser un "modelo" tan complejo de la realidad que se transforme en la
nueva realidad. Una realidad de bits y bytes casi tan tangible como
la de átomos y moléculas.
A decir verdad, hacer
real lo que comienza siendo virtual es una constante en la evolución
de las sociedades. Un ejemplo muy ilustrativo es el dinero: ¿hay algo
más virtual que el valor de un billete de mil pesetas? Sin embargo,
hoy en día el papel moneda es tan real como en su día lo
fueron las monedas de oro, que a su vez supusieron una inyección
de virtualidad sobre el primitivo trueque. Por lo tanto, la situación
actual no es nueva (quizá lo más novedoso en este sentido
es que ahora le hemos puesto el adjetivo de "virtual" a la nueva realidad).
Llevamos viviendo en entornos virtuales desde hace milenios: bien mirado,
cualquier sociedad humana es una realidad virtual, un conjunto de convenios
y arbitrariedades que desde luego no existen en la naturaleza.
Por lo tanto, que
la Web pase a ser "real" en lugar de "virtual" es sólo cuestión
de tiempo: se irá haciendo más real en tanto en cuanto
se integre más en todas las facetas de la sociedad. Pronto, el
ciberespacio será psicológicamente más real que
las labores del campo, las fábricas o el tendero de la esquina.
De hecho, entre los niños actuales (de los países desarrollados,
al menos) muchos son ya los que han visto alguna vez una página
web (el grupo cuya edad oscila entre los cinco y los veinte años
es el que presenta una mayor tasa de crecimiento en Internet, según
la británica NOP Research. Y, si no la han visto, al menos han
oído hablar de ellas hasta la saciedad), sin embargo casi
ninguno habrá visto una vaca en vivo (y, mucho menos, ordeñar
una). Y para todos esos niños, una página web es desde
luego algo mucho más real (por cotidiano) que una vaca, aunque
la primera sea un conjunto abstracto de información, y la segunda
un ser biológico.
La introducción
de la Web en la cultura popular y su aceptación por el gran público
está fuera de toda duda [Lee 99]. El poder de la Web en términos
de popularidad se ha demostrado repetidamente: desde la retrasmisión
en directo de la ceremonía de entrega de los Oscars o la publicación
del Informe Star, hasta la aparición de sitios web de facciones
de ultraderecha, el incremento de la pornografía y los innumerables
sitios dedicados a los más diversos cultos, todos son ejemplos
de ese cibermundo que se está creando.
En resumen: la red
se hace cada vez más compleja no por la sofisticación
de los aspectos técnicos involucrados (que, desde luego, no es
nada desdeñable. Pocas tecnologías habrá, si es
que las hay, que avancen más deprisa que la tecnología
relacionada con la Web), sino por las interrelaciones e interdependencias
cada día más acentuadas que crea entre los habitantes
de este planeta. Si en su momento la televisión, la radio y la
prensa crearon una insaciable necesidad de información en los
seres humanos, la Web crea ahora una necesidad de comunicación
y de interacción con la información de enormes proporciones.
Nadie echaba de menos el teléfono hasta que éste fue inventado
y difundido. Igualmente, pocos eran los que deseaban la actual "revolución"
(esta palabra siempre es conveniente ponerla entre comillas) de las
tecnologías de la información y de la comunicación,
de las que la Web es uno de los principales símbolos. Sin embargo,
hoy en día es difícil imaginar un mundo que funcionase
sin Internet, y para las próximas generaciones resultará
inconcebible vivir sin la Red. Se preguntarán qué hacían
sus padres en los tiempos en que aún no existía la Web...
(Este fenómeno se repite generación tras generación,
y se ve más acentuado cuanto más veloz es el avance tecnológico.
La generación que ahora ronda los treinta todavía se pregunta
cómo pudieron criarse sus padres sin la "caja tonta").
Ante tamaño
enredo social, tecnológico y sociotecnológico, parece
conveniente modificar ligeramente el nombre del causante, pasando a
denominarle WWM: "World Wide Mess" o Maraña de Ámbito
Mundial. En el mundo más complejo que ha conocido la Tierra desde
que el hombre apareció sobre ella, con una sociedad humana más
sofisticada, atrapada en una espiral de cambio acelerado; un mundo globalizado,
en el que todo influye sobre todo y el "efecto mariposa" parece un juego
de niños al lado de las mareas de acontecimientos que recorren
el globo con un efecto "bola de nieve" que puede transformar una pequeña
guerra (si es que puede hablarse de guerras pequeñas) en el desplome
de la economía mundial; un mundo en el que las opciones y posibilidades
se multiplican para el consumidor común, gracias al "marketing"
y a la competencia feroz, convirtiendo la libertad de elección
en algo difícilmente asimilable; en un mundo, en definitiva,
que ya ninguna mente puede visualizar en su conjunto, la WWM es el símbolo
del nuevo escalón de abstracción que la sociedad ha ascendido
en esa escalera que la aleja del mundo natural, acercándola cada
vez más a la virtualidad más absoluta. Tras la economía
de servicios, y de su mano la sociedad de la información, llega
la Sociedad Teleconectada, otro eslabón más en esa cadena
que se inició hace miles de años en el corazón
de África, con los primeros grupos de homínidos cazadores
y recolectores.
La WWM vertebra esta
sociedad en la que el tiempo y el espacio dejan de tener importancia,
y otra dimensión parece erigirse como único referente:
la complejidad.
2.-El maestro del Tibet.
La maraña descrita
no tiene una araña que la "gestione": haría falta la clarividencia
propia de una divinidad para hacerlo, y los que navegan por Internet
son seres humanos, no divinidades. Ese déficit de gestión
tiene como consecuencia el que la maraña no sea homogénea:
mientras en algunos aspectos (comercio, tecnología, banca,...)
la complejidad viene dada básicamente por el aumento de los hechos
que crean nuevas posibilidades (la aparición de las compañías
de subastas electrónicas permite a todos los usuarios realizar
con mayor facilidad operaciones de compra-venta, por ejemplo), en otros
el aumento de complejidad se debe a la aparición de una potencialidad
que no consigue transformarse en hechos (lo cual resulta en un estado
de confusión).
Es el caso de la
educación y la formación.
El peso de la tradición
de la transmisión directa de conocimiento entre maestro y alumno
es muy grande. Si alguien desea conocer el secreto de la vida, habrá
de viajar hasta el Tibet para que algún legendario maestro se
lo revele. Casi nadie se conformaría con acceder a dicho secreto
a través de la página www.maestro-del-Tibet.edu, o preguntándoselo
directamente a través del correo electrónico maestro@Tibet.edu.
Esto no viene sino a
decir que, al menos en su raíz más profunda, la educación
y la formación no han evolucionado apreciablemente. Llos procesos
formativos se siguen basando en la figura de un "maestro", esto es, un
ser humano poseedor de un conocimiento que trata de transmitir a un grupo
de alumnos, entendiendo por "alumno" a la persona de la que se espera
que aprenda lo que el maestro pretende enseñarle, situándose
ambos por lo general en las mismas coordenadas espacio-temporales. Por
supuesto, no se pretende aquí presentar una definición precisa
de lo que son la educación y la formación, así como
el resto de términos involucrados. Tan sólo se quiere llamar
la atención sobre el hecho de que, en lo fundamental, las cosas
han cambiado poco desde que Platón enseñaba en su Academia
hasta nuestras modernas universidades: sigue habiendo profesores, alumnos,
aulas y transmisión oral de la materia a impartir. (En algunos
aspectos, la situación en las universidades actuales es incluso
peor que la que se daba en la Academia: Platón no tenía
que enfrentar la masificación y los problemas que se derivan de
ella...) [Eco 94].
Ya sea la razón
de esta inmutabilidad el hecho de que la psicología humana requiera
de la presencia física de otro ser humano con el que interactuar
para que se produzca el aprendizaje (si esto fuese cierto, las aplicaciones
de la Web en educación se verían seriamente limitadas),
o bien que la pedagogía (y, en general, la transmisión
de conocimiento) es una materia demasiado "blanda", que hunde sus raíces
en la psicología y en la sociología, como para que nuestra
mente analítica progrese en ella, el caso es que se presenta
un interesante duelo: de un lado, una herencia de miles de años
de "clases presenciales" (que aúna fuerzas con nuestro desconocimiento
del nuevo medio); del otro, las necesidades prácticas de la sociedad
actual en materia de educación.
La sociedad busca
en la WWM la solución al problema educativo (buen ejemplo de
ello es el interés que demuestran algunos gobiernos, como el
estadounidense y el británico, en la aplicación de Internet
a los ámbitos de formación reglada).
Y la WWM responde
de la única forma que actualmente conoce: complicando aún
más el problema. La complejidad del mundo académico se
traslada a la maraña, multiplicada y ampliada por la explosión
incontrolada de universidades virtuales, cursos, universidades presenciales
con presencia virtual, empresas de software metidas a institución
educativa, acuerdos entre instituciones educativas y empresas de toda
índole, empresas de nueva formación... Casi todas las
universidades tienen proyectos e incluso departamentos enteros dedicados
a la teleeducación, sin embargo no son tantas las que van más
allá, por el momento, de una fase experimental. En la práctica,
la formación en la inmensa mayoría de las universidades
sigue realizándose de forma tradicional.
De igual manera,
el número de especialistas en la materia crece exponencialmente,
aunque todavía no se sabe a ciencia cierta qué es un especialista
en la materia: el campo de la formación vía la Web
es demasiado nuevo como para tener ya una definición normalizada
de las características que ha de tener el profesional que se
dedica a ella (aunque algunos elementos pueden deducirse de las posibilidades
de empleo que ofertan las distintas instituciones).
Con la Web ocurre
lo mismo que con el resto de las tecnologías de la comunicación
y la información: por una parte, ayudan a realizar (o, en el
caso que nos ocupa, se pretende que ayuden a realizar) una mejor gestión
del mundo que nos rodea; por otra, es la propia tecnología la
que añade aún más complejidad a dicho mundo. Y
uno de los problemas actuales al aplicar la Web a la educación
es que la parte de la ecuación relativa a los beneficios todavía
no se ha plasmado suficientemente en realidades concretas.
En conclusión:
nuestro modelo milenario de educación se resiste a ceder terreno.
Aunque es posible que ni siquiera sea dicho modelo el que se resista,
pues aún no hay mucho frente a lo que resistir: el uso
educativo de la Web es como una olla a presión que todavía
nadie ha podido transformar en máquina de vapor. Una suma de
complejidad tecnológica, psicológica, sociológica,
organizativa y computacional, aderezada por la complejidad inherente
a toda situación de cambio, en la que siempre abundarán
las incertidumbres y los riesgos.
El maestro del Tíbet puede estar tranquilo:
probablemente aún seguirá recibiendo durante mucho tiempo
la visita de los que anhelan la sabiduría. Aunque no estaría
de más que se fuese conectando a Internet....
3.-E-educación.
Como se ha visto, hay
un fuerte empeño (con escaso resultado hasta el momento) en llevar
la infosfera hasta el mundo educativo, o si se prefiere, en introducir
la educación en la WWM. ¿Perdemos o ganamos con ello? ¿Merece la
pena toda la complejidad y confusión que se está generando?
Esta cuestión
no admite una respuesta absoluta, y es necesario estudiar cada situación
concreta para decidir si es conveniente o no aplicar la Web. Sin embargo,
hay aspectos generales a tener en cuenta.
En primer lugar,
la e-educación (o "educación electrónica", término
con el que englobaremos todos los procesos formativos que empleen Internet)
aporta aspectos que resultan a priori muy interesantes (ver, por ejemplo,
[Westhead 97]), y que no se deben desdeñar
en aras de modelos idealizados de la educación (cercanos quizá
a relaciones del tipo "maestro-discípulo") que no se corresponden
a la realidad en que nos movemos, caracterizada por la masificación
y el distanciamiento de profesores y alumnos.
En segundo lugar, no
se está en situación de decidir si se acepta la e-vida (termino
con el que pretendemos simbolizar esa cada vez mayor introducción
de Internet en todos los ámbitos de actividad; esto es, esa parte
de nuestra vida que empezamos a vivir en el "ciberespacio") o no: se nos
obliga continuamente a aceptarla. Y a la e-educación con ella.
Por tanto, quizá sea más fructifero enfocar la conversión
de la educación a la secta de la WWM como algo (comercialmente)
inevitable, puesto que no vamos a poder elegir, y emplear nuestros análisis
de ventajas e inconvenientes como metas a obtener y peligros a evitar,
no como el preámbulo de una decisión a tomar. En otras palabras:
nuestra labor como docentes no es decidir si la Web es útil en
el contexto educativo o no; nuestro trabajo consiste en hacer que sea
útil.
Porque aparentemente
la e-educación ha venido para quedarse, pues la traen de la mano
la sociedad digital de consumo (esto es, la sociedad de consumo en la
que la informática y las telecomunicaciones cobran cada vez más
importancia) y su motor: el mercado. De hecho, hay quien contempla el
empleo de Internet como una fuerza diferenciadora de las instituciones
educativas, a la hora de "venderse" a sus potenciales estudiantes [informe
del MIT 95]. Además, las facilidades que la Web ofrece para la
publicación de material didáctico está llevando
a las grandes compañías a desembarcar en el terreno de
la educación (es el caso de Microsoft, por ejemplo). Y con ellas,
llega la batalla por los intereses económicos.
4.-"Complejifícate"
por cero. Habiendo
dicho anteriormente que la parcela de la WWM dedicada a la educación
(¿EWWM o "Educational WWM"?) participa de la confusión general
que caracteriza la WWM, y afirmando ahora que, queramos o no, la EWWM
nos invadirá cada vez más... ¿qué debemos hacer?
Una posibilidad es esperar.
Como dice la Biblia "al principio era el Caos", hasta que Dios creó
el orden. Como no hay un "Dios de la WWM" (aunque alguno hay que intenta
alcanzar ese puesto), deberemos esperar a que el tiempo por sí
mismo decida qué prácticas sobrevivirán, con qué
nos quedaremos de toda esa marabunta que nos aturde. Eso nos coloca en
una posición pasiva cómoda, pues no debemos preocuparnos
por nada hasta que el panorama se aclare y la Web se haya establecido
como medio de uso corriente en educación, pero peligrosa, pues
podemos subirnos tarde al carro de la educación vía Web.
La otra opción
es adoptar el papel de gato y jugar a desenredar la madeja. En esto
trabajan actualmente cientos de gatos en todo el mundo, teorizando,
experimentando, dialogando,... Su intención es encontrar formas
eficaces y eficientes de aplicar la Web en educación. Y no es
tarea fácil, pues como ya se ha comentado, la complejidad que
rodea este mundo es muy alta, y la obtención de resultados...
dudosa, cuanto menos.
Pero como a nadie
le gusta abandonarse al destino, hemos de suponer que esta última
es la opción correcta: seguir trabajando, tratando de influir,
aunque sea mínimamente, en el futuro desenlace final, aquel que
simplificará la complejidad actual y nos dejará con tan
sólo algunas de las potencialidades iniciales, pero al menos
éstas estarán bien asentadas. Aunque eso ocurrirá
en el futuro, y será fruto de los trabajos que se están
realizando ahora.
Moraleja: si no somos
capaces de gestionar la complejidad que tenemos entre manos (bien por
pasividad, bien porque la investigación no arroja resultados
satisfactorios), el tiempo acabará extinguiéndola, dejándonos
una pequeña muestra de lo que pudo haber sido y no fue. Todas
las tan aclamadas ventajas de la Web podrían quedarse en aplicaciones
de segunda fila, a lo más complementarias de unos procesos formativos
que continuarían desarrollándose a la manera tradicional.
De la visión, casi de ciencia ficción, de miles de estudiantes
eligiendo sus curriculums de entre los cientos de cursos ofertados por
las universidades de todo el mundo, cursos impartidos vía Web
que empleen sofisticados sistemas hipermediáticos y avanzados
sistemas de comunicación, podría quedarnos únicamente
(en el peor de los casos) páginas con el nombre de los profesores
del curso y el temario, así como la posibilidad de hablar con
el profesor por correo electrónico. Este "caso peor" es el estado
de adopción de la Web educativa en el que actualmente se encuentran
la mayoría de las universidades. Y, aunque ha demostrado ser
muy útil, debería ser únicamente un estado inicial,
un punto de apoyo a partir del cual conseguir plasmar el resto de potencialidad
de la Web. Ahora bien, no se debe desdeñar lo que tenemos en
la actualidad, pues más vale lo útil en mano, que las
potencialidades volando.
5.-Conclusión:
una red para colorear. Vivimos un momento
creativo, que bulle con ideas, revolucionario quizá... Pero también
es un momento confuso e impredecible. La Web ha aterrizado hace poco
en las universidades, y todo el mundo se pregunta qué se puede
hacer con ella. Muchos son los que se han lanzado a la experimentación,
tratando de descubrir el "lenguaje del medio".
De este crisol actual puede surgir, como algunos esperan (entre
ellos gobiernos, investigadores y educadores), la solución a
muchos de los problemas (tradicionales y nuevos) de la educación.
O, en el peor de los casos, la caída en una nueva rutina (la
antigua pero con algunos "bells and whistles" tecnológicos) que
nos dure al menos unas cuantas décadas. Con seguridad nos quedaremos
en algún punto entre ambos extremos.
Pese a todo, el esfuerzo
por entender lo que está sucediendo y, partiendo de ese nuevo
entendimiento, trabajar por desenredar en lo posible la madeja, nos
será útil en cuanto nos permitirá llegar a ese
"régimen permanente" habiendo seleccionado en parte lo que deseamos
conservar, lo que se identifique como verdaderamente útil, de
todo el embrollo en el que ahora nos vemos metidos.
Uno de los "juguetes
educativos" más comunes son los libros para colorear. Es posible
que en el futuro los niños aprendan con toda una red para colorear,
y ese compañero cibernético de estudios ya no les abandonará,
probablemente, nunca. Nuestra tarea no consiste en favorecer o entorpecer
este hecho, sino en conseguir que el aprendizaje se produzca.
Bibliografía.
Eco, U. (1994);
Cómo se hace una tesis : técnicas y procedimientos
de investigación, estudio y escritura; edición: Barcelona
1994.
Informe del MIT (1995); Education
Via Advanced Technologies. Final Report; Ad Hoc Committee on Education
Via Advanced Technologies; MIT. http://www-evat.mit.edu/report/
Lee, S.; Groves, P.; Stephens, C.; Armitage, S. (1999);
Guide to Online Teaching: Existing Tools & Projects; informe
del JTAP. http://www.jtap.ac.uk/reports/htm/jtap-028.html
Westhead, M. (1997); Workshop on Teaching and Learning
with the WWW 1997; Santa Clara. http://www.epcc.ed.ac.uk/WWW6workshop/
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